Capítulo 3: Un reencuentro 30 años después

Las dos de la madrugada.

El castillo se iba silenciando mientras se hacía tarde y avanzaba la noche.

El Caballero de guardia sostenía una luz en una de sus manos mientras se encargaba de hacer la ronda alrededor del palacio.

Por las noches se apagaban las luces para economizar energía, todo esto debido a que la invocación del Héroe exigió un inmenso consumo de magia. Así que la iluminación interna se hacía de forma individual, cada persona portando su propia luz, usando su propia magia.

—No hay nada que reportar en la parte baja del Palacio. Hah esto realmente es una molestia —se quejaba el Caballero mientras soltaba un gran bostezo.

El patrullaje nocturno ya no era muy popular. Resultaba incómodo hacer las rondas entre la oscuridad acumulando la inevitable privación del sueño que ello conllevaba. Antes de la invocación las patrullas eran más sencillas, pues la iluminación estaba asegurada con el uso de artefactos mágicos, pero al momento actual la situación se había complicado.

El Héroe invocado ni siquiera puede usar magia y es un inútil, voy a matarlo una vez que se acumule de nuevo el poder mágico. Me pregunto si el próximo Héroe que invoquemos no gritará como este cuando aparezca.

Mientras seguía murmurando cuan defectuoso era el Héroe actual como herramienta, el Caballero prosiguió con su ruta de patrullaje establecida. El héroe invocado le resultó bastante decepcionante, si al menos hubiese aportado alguna utilidad.

Siguió avanzando y termino exactamente al frente de la habitación donde residía el Héroe.

De pronto escuchó un sonido proveniente detrás suyo, como de algo que se desplomaba.

Se giró llevando una de sus manos al pomo de su espada mientras con la otra iluminaba el entorno, pero no consiguió ver nada. Mientras avanzaba cautelosamente de repente algo rodó por el suelo.

—¿Una roca? —se preguntó.

¿De dónde habría venido? Cuando fue a inclinarse para recogerla un golpe contundente detrás de su cabeza casi le hace desvanecerse. Pero gracias a su armadura reforzada con protección mágica pudo mantener apenas sus sentidos, al menos de momento, por ello saco su espada rápidamente y la balanceó ciegamente con dirección a su retaguardia.

La persona que estaba detrás de él pudo esquivar el corte deslizándose ágilmente fuera de su alcance, y además, como si de un truco de magia se tratase su espada le fue arrebatada de las manos al mismo tiempo sorpresivamente.

—¡Que!…

Cuando abrió la boca para gritar por ayuda, el pomo de su propia espada, que instantes atrás le fue arrebatada, golpeo descaradamente en su rostro seguido de otro impacto en la base de su cabeza, mientras perdía poco a poco la conciencia alcanzo a ver el semblante y escuchar la voz de su asaltante:

— “El Héroe invocado ni siquiera puede usar magia y es un inútil, voy a matarlo” eso fue lo que dijiste hace unos momentos.

El Caballero palideció y sintió como un escalofrió recorrió su espalda cuando detalló al joven de mirada gélida que lo contemplaba. Entonces perdió la conciencia.
  
Era Amatsuki Iori quien estaba de pie allí.


Escondí al caballero desmayado en mi habitación y deje escapar una bocanada de aire.
—Acabo de cometer un terrible error —exclamé agitado.

Era un simple Caballero de bajo rango pero su armadura llevaba protecciones mágicas. Creí que con mi golpe inicial habría bastado pero al parecer mi fuerza seguía disminuida. Desgraciadamente no me había dado cuenta del estado de mi fuerza en los entrenamientos, porque en ellos solo podía usar espadas de madera.

—Está bien…

Debo reflexionar con calma y poner los pies sobre la tierra, las valoraciones que hice sobre mí mismo al parecer habían sido algo sobrestimadas. Al menos pude quedarme con la espada del Caballero.
En todo caso, la primera etapa de mi plan había sido superada.

Balanceé la espada de un lado a otro evaluándola con detenimiento. Era un objeto estandarizado, de producción masiva, pero tenía magia imbuida y era fácil de usar. Al menos sería una mejora en comparación a la espada de madera que se me permitía portar.

En cuanto a la armadura, decidí dejarla, puesto que más que ventajas al final solo me estorbaría.

Ya habían pasado dos semanas desde mi llegada. La información de la biblioteca ya estaba memorizada;  La estructura del palacio, las rutas y los números de las patrullas completamente asimilados. Y mi actuación como el torpe héroe sin ninguna esperanza de ser útil, ya había dado sus frutos, haciendo que todos bajasen la guardia a mí alrededor y me subestimasen.

Con la obtención del arma todo estaba preparado.

Finalmente me enfrentaría a Luser.

Durante todo este tiempo le había estado observando con mucho cuidado.
  
—Finalmente… —contuve mis palabras cuando vi alguien salir de una habitación.

Era Luser en su camino al Atelier mágico.

El bastardo estaba ahí.

—Solo espera por mi Luser…


Luser se encontraba irritado en el Atelier mágico, donde se encontraba haciendo un chasquido despectivo con su lengua mientras pensaba en el motivo de su contrariedad: el Héroe Amatsuki Iori.

El día de la invocación fue golpeado hasta perder el conocimiento por Iori, y aunque sus heridas fueron tratadas inmediatamente con magia de sanación, la rabia que sentía desde entonces no había disminuido en lo absoluto.

Para Luser, el simpatisar con un ser que solo debía ser usado como una herramienta, era algo que le era terriblemente irritante.

Desde ese día intentó poner de su lado al Rey; le propuso esclavizar al Héroe usando “Magia de esclavitud” porque consideraba que Amatsuki Iori era una persona peligrosa.

La “Magia de esclavitud” tenía como propósito esclavizar a las personas, limitando su poder, obligándolas a llevar a cabo acciones que seguían el patrón impuesto por quien las controlaba. Luser estaba convencido que era capaz de someter al Héroe con ese tipo de magia si se le permitía prepararlo todo para que las condiciones fueran las más favorables.

Pero el Rey en ese momento rechazó la propuesta con la justificación de que el Héroe seria puesto en vigilancia permanente. Sin embargo dejo abierta la posibilidad de aplicarla en caso de que fuera necesario.

Veinte días habían pasado y Luser todavía esperaba una respuesta, su irritación era mayor debido a eso.

Lo que más le molestaba era la humillación que había sufrido al verse superado por un ser totalmente inútil, sin poder mágico y débil, una herramienta insignificante cuyo propósito era el ser usado nada más. Haber recibido una paliza por el Héroe inservible que el mismo había invocado, había desprestigiado su reputación ante los demás.

Sin embargo debía reconocer que incluso si el Héroe era alguien débil y sin valor, la prueba de su valía estaba en su brazo. “La marca del Héroe”, la fuente de su poder.

“Si logro cortarle su brazo como hice con el ultimo idiota, esta vez seré capaz de obtener el inmenso poder mágico que allí se concentra” —Pensaba Luser calculando las posibilidades.

Pero en el caso de que lograra su objetivo: obtener la “Marca del Héroe”, Luser sabía que no sería capaz de portarla y sacarle provecho como lo hacían los Héroes predestinados a ella, los cuales aumentaban sus habilidades rápidamente mientras hacían uso de la misma.

Por ello su meta final era hacerse solo con el poder mágico de esa cosa, Luser había estado planeando muy cuidadosamente como extraer ese poder mágico de la marca. Para ello necesitaba que el Rey accediese a su petición con la mayor brevedad posible.

Si usaba solo el poder del Héroe, esta vez separándolo de la marca, Luser estaba seguro que los resultados le serian favorables, el mismo se convertiría en una especie de Héroe; y el solo pensar en lo que ello le depararía a futuro le hacía querer reírse a carcajadas.

De repente la puerta del Atelier se abrió y un joven hizo su aparición. Cuando Luser le reconoció se quedó estupefacto de la sorpresa.

Era Amatsuki Iori.

Mientras pensaba como arrebatarle su poder de Héroe, el mismo Héroe ahora se presentaba irónicamente ante él.

—Qué intención tienes al entrar de esa forma Héroe-dono. Este lugar es el Atelier mágico, es una falta de respeto que entres de esa manera —Le explicó Luser cortésmente. Sin embargo su tono no escondía sus intenciones de intimidarle con la mirada.

Iori por otra parte, lejos de sentirse intimidado por la mirada de Luser se rió con desprecio.

—Escucharte hablar así con tanta cortesía solo me produce risa bastardo —le respondió el Héroe maliciosamente.

—¿Que dices? —exclamó Luser con menosprecio, mientras una vena saturada de sangre se dibujaba en su frente.

No solo el inútil del Héroe que no podía usar magia se presentaba en el Atelier de una forma tan arrogante, sino que tenía el descaro de burlarse de él, Luser, un mago de la corte imperial, haciéndolo querer ver como a un tonto. Era algo totalmente inaceptable.

“Si solo pudiera arrebatarle el poder de su marca de Héroe en este preciso momento” pensaba Luser recordando que el método para hacerlo ya había tenido éxito en una oportunidad. En sus últimas investigaciones había pulido un método más eficaz, aunque todavía se encontraba en estado de prueba y no se podía avanzar mucho más, las preparaciones para su uso ya estaban finalizadas.

Lo único que faltaba era arrebatar ese poder, y lo podía hacer allí mismo puesto que el Atelier tenía paredes a prueba de sonido y nadie solía pasar por allí por las noches, así que no le preocupaban las interrupciones.

—Como podrás entender no te puedo dejar ir ahora después de todo lo que ha ocurrido —dijo Luser.

Entonces enfocó su poder mágico en dirección al brazo de Iori aprovechando uno de los puntos ciegos de su estancia. La magia que pensaba invocar era la “Magia de Captura”, y a pesar de que no estaba en la plenitud de condiciones que cuando lucho al lado de Amatsu, el nuevo Héroe era solo un débil mocoso. Sería tan fácil someterlo como quitarle un caramelo a un niño.

—Voy hacer que te arrepientas —Luser le aseguro mientras se sonreía y se lamia los labios.

—¿Ese es tu plan… acaso planeas matarme usando el mismo método como lo hiciste con Amatsu? —le respondió Iori inclinando su cintura.

—¡Que! —exclamó Luser atónito.

Frente a él estaba alguien que sabía algo que no debía ser conocido. La activación de su hechizo se interrumpió por la revelación de un secreto que solo conocía otra persona aparte de él.

Aprovechando la ventaja, Iori entró en acción. Tomo impulso y se abalanzó sobre su oponente con una velocidad bestial. Luser apenas salió de su asombro.

Al verse sorprendido por la terrible velocidad de Iori, Luser libero su magia como pudo preso del pánico, usó “Magia de Trueno” la cual se utilizaba para sellar los movimientos de los enemigos y paralizarlos. Los rayos estallaron en el suelo con dirección a Iori destrozando el suelo con cada golpe.

Pero al estar cerca de alcanzarlo la última de las ráfagas que se le acercaba, Iori esquivó deslizándose hacia un lado al último momento. Y sin perder tiempo, como todo un guerrero veterano, acortó la distancia que le separaba de Luser, dejando a este último sin posibilidad de maniobra para contraatacar de nuevo.

Justo cuando Luser quiso apelar a una magia más letal, se dio cuenta como el brazo de Iori se movió ligeramente y un chorro de sangre saliodel brazo que pensaba usar para lanzar su hechizo. Notó horriblemente como una espada de Caballero, sostenida por su enemigo, atravesaba su hombro. Ni siquiera la magia de protección de su túnica pudo anular el daño recibido.

—¡Ahhhhh! —gritó desesperado. Pero sus gritos eran en vano, las paredes del Atelier aislaban el sonido.

Iori entonces saco su espada y la puso en el cuello de Luser.

—Tu puntería con los hechizo cuando entras en pánico parece no haber mejorado. Huh

—¡¿Quién diablos eres?! —preguntó Luser ansioso.

—¿Todavía no lo has comprendido?

Era una voz fría, acompañada de una mirada espeluznante que penetraba su alma. Luser sintió un Deja Vu.

—¡Imposible! —suspiró.

Iori mostró la misma expresión que muchas veces Luser había visto en su antiguo compañero.

—Así es Luser. Soy yo: Amatsu.

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