Capítulo 1: Los últimos momentos del héroe

Un día ha pasado desde la segunda invocación. Ahora mismo estaba sentado en una cama en la prisión ubicada en el sótano del palacio real.

—¿Ya te has calmado? —me preguntó uno de los Caballeros al otro lado de las rejas.

—Sí. Siento haber causado problemas —le respondí arrepentido bajando la cabeza. El caballero dejó escapar un suspiro de alivio mientras agregó:

—Voy a reportarlo a su majestad. Es posible que te dejen salir en poco tiempo. 

Entonces se dirigió fuera de la prisión.

Mientras estaba en la prisión me enteré de muchas cosas gracias al Caballero. Como por ejemplo: cuan herido y marcado había quedado Luser después de haberlo golpeado como a una bolsa de boxeo, y de cómo el mismo Luser no había dicho nada el respecto. 
También de que sería liberado de la prisión una vez recuperara mi compostura, ya que al parecer me consideraban inocente y atribuían mi ataque al trauma que debí haber sufrido al ser invocado.

Bueno, ellos no iban a ejecutar a un héroe que apenas recién había sido invocado. Sin embargo reconozco que actué de forma descuidada sin detenerme a estudiar mejor la situación primero.

Como resultado de ello fui arrojado a prisión. 

Pero no se podía evitar ¿verdad?, porque todo sucedió inmediatamente después de haber sido asesinado.

“Aunque pensándolo bien, podría escapar de aquí usando un poco de magia” —especulé.

Ya sea el efecto de haber sido asesinado una vez, o el haber sido invocado de nuevo, por alguna razón me di cuenta que no podía usar magia de ninguna forma. Incluso si liberara algo de poder mágico era consciente de que no podría transformarlo en magia de ningún modo. 

De más estaba decir que mis poderes de héroe también habían desaparecido casi por completo.

Por esta razón estando encarcelado ni siquiera tengo la fuerza para escaparme. Incluso matar a Luser sería algo que me tomaría, en mi situación actual, un gran esfuerzo. 

También me he dado cuenta que mi apariencia física no es la misma y es algo extraña. Mi fuerza muscular ha disminuido lo mismo que mi altura, hasta el color de mi cabello ya no es el mismo. Al parecer mi apariencia física actual es la misma de cuando estaba en la escuela Secundaria y fui invocado a este mundo por primera vez. Mi rostro es más juvenil, y eso explica porque nadie me ha reconocido todavía como el Héroe anterior.

“Y sin embargo” —pensé.

Todo el conocimiento y la experiencia que obtuve todavía están ahí, firmes en mi mente. Podría derrotar a un Caballero común fácilmente en mi estado actual. Hay muchos métodos que puedo usar para hacerlo si de verdad lo quisiera.

—“Luser” 

Controlo mi rabia mientras cierro mis ojos y los recuerdos se suceden en mi mente. El primero de ellos mi primera invocación a este mundo, y luego la posterior traición de mis antiguos compañeros… Entonces lo recuerdo...


Cuando fui invocado a este mundo por primera vez, sucedió hace tres años. En aquel momento estaba relajándome en mi casa y de pronto fui invocado de la misma forma que ahora por este Reino.

—Bienvenido héroe del otro mundo. Por favor te pido que salves a este mundo del Rey Demonio.  
En ese tiempo también, me encontré de pie sobre un círculo con una extraña marca. Irónicamente las primeras palabras que oí en aquel entonces eran las mismas.

Por consiguiente, el viejo que se identificó como el Rey explicó la razón de mi invocación.

El mundo se llamaba Leythesa y era un mundo diferente a la Tierra. Parece que había una crisis y Leythesa estaba al borde de la destrucción, la causa era una existencia a la que llamaban el Rey Demonio.

—Por esto, el reino de Onriin decidió invocar un Héroe con el objetivo de eliminar al Rey Demonio —dijo el Rey.
—y ese es…

—Así es, ese eres tú —explicó el monarca.

Los mundos paralelos, el Héroe y el Demonio. En la sociedad moderna todo lo que salió de esa boca no sería tomado en cuenta con seriedad.

Sin duda, toda esa información estaba confundiendo mi mente.

—Entonces, ¿cuál es tu nombre Héroe? —inquirió el Rey.

La mirada con la cual me observó el Rey obviamente estaba cargada con un aura que destilaba política. Estando en esa situación no podía pensar que se trataba de una broma puesto que la tensión en el ambiente se tornó bastante intensa.

—Amatsu—respondí balbuceando solo una parte de mi nombre.

No lo pude evitar, la última vez que estuve ante unas personas en una situación similar fue durante la graduación en mi escuela primaria.

—Ya veo, entonces eres Amatsu —afirmó el Rey.

“¡Noo!”, quise decir, pero ya me había quedado como Amatsu, el error ya se había establecido porque en ese momento no tuve tiempo para corregirlo.

—Entonces Amatsu-dono… ¿Salvarás este mundo del Rey Demonio?

Y dando por hecho mi aprobación el rey continuó explicando los hechos. 

Su tono me irritó, pues desechó mis circunstancias como si nada, impidiéndome expresar, aun con mi voz temblorosa, mi intención de no querer participar en esa pelea.

He vivido por 16 años sin hacer nada especial, siempre me he dejado llevar por las circunstancias en la vida, incluso por aquellas concernientes a otras personas. 

Cuando mis padres perdieron sus vidas en un accidente mi tío fue quien se hizo cargo de mí, incluso en aquel momento seguí dejándome arrastrar por lo circunstancial que rodeaba mi vida. Pero esta situación era diferente, esto era un asunto de vida o muerte. 

Y todo esto no hacía más que hacerme desear poder volver a casa, incluso se los pedí, pero me respondieron que “retornar a mi mundo” tomaría años y como especie de amenaza agregaron que probablemente para entonces el Rey Demonio ya habría acabado con este otro.

Siendo yo, un estudiante de Escuela Secundaria sin ningún tipo de experiencia en combate les pregunté ¿Qué tipo de expectativas podría tener la gente de este mundo de alguien como yo?

Más sin embargo, y sin mi consentimiento, el Rey me despachó con una orden, y fui informado que desde ese momento, mi lugar de residencia seria en una de las habitaciones del palacio.

Poco a poco trataron de ir convenciéndome de que aceptara mi rol, pero me di cuenta de todos sus motivos ulteriores.

Por ende, me encerré en mi habitación dejando pasar el tiempo solo comiendo y durmiendo. Haciendo que la gente de palacio me mirara con antagonismo y tildándome de cobarde. En ese tiempo no les preste atención pues solo me interesaba hacer cosas que me entretuvieran a mi mismo. Estaba determinado a no convertirme en un esclavo llamado: “Héroe”.

En un principio esa era mi filosofía ante toda aquella situación, sin embargo ocurrió un incidente que daría un vuelco a mi perspectiva y se convertiría en un punto de inflexión.

Una facción radical, furiosa ante mi negativa de luchar, lanzó un ataque sorpresa a mi habitación. Escapé de milagro, si una mujer que pasaba por el lugar en aquel momento, no me hubiese ayudado, sin duda habría terminado asesinado.

Uno de los caballeros debía haber estado haciendo sus rondas en aquel momento, sin embargo al parecer y por casualidad, decidió dejarse abrumar por la pereza aquel día.

Las personas que me atacaron fueron severamente castigadas por el Rey, y el Caballero que abandonó sus deberes corrió la misma suerte.

Con relación a ese evento el rey me reprochó sin ningún tipo de vergüenza:

—Amatsu-dono, si no aceptas tu rol como Héroe probablemente en un futuro eventos como este se repitan.

Entonces me di cuenta que fue el Rey quien orquestó todo detrás de escena, pero nada podía hacer.

—Cuatro años. Te prometo que te regresaré a tu mundo si proteges este reino durante cuatro años. —me dijo el Rey.

Yo sabía que los ataques del Rey Demonio se habían hecho más fuertes con el pasar del tiempo. Al ritmo que se daban calcule que solo sería cuestión de 3 años para que la raza humana de este mundo pereciera. 

El significado detrás de la promesa del Rey era evidente, debía derrotar al Rey Demonio si quería retornar a mi mundo original. Si no luchaba estaba seguro que el mismo Rey me mataría, por otro lado si el Reino caía no podría retornar a mi hogar.

—Entiendo —le respondí.

Después de eso me deje llevar de nuevo por las circunstancias, me hicieron luchar por algo en lo que yo nada tenía que ver. 


Al decidirme a luchar fui capaz de entender el método para utilizar mi poder. El emblema que me identificaba como Héroe y que estaba plasmado en uno de mis brazos, era la fuente que me otorgaba habilidades sobrehumanas y un inmenso poder mágico.

Como estaba siendo explotado fui obligado a luchar como se me instruía. E influenciado por el poder mi cabello se tornó gris e incluso mi altura se incrementó drásticamente. En solo 3 meses mi apariencia cambio por completo.

Para ese momento empecé a ser reconocido como “El Héroe Amatsu” el salvador que protegería al mundo.

“¿Héroe eh?” Salvar al mundo o ser su salvador. Yo no pensaba en nada tan noble. Esta era una lucha a la que accedí tan solo con el objetivo de regresar a mi mundo.

Al principio esa era mi forma de pensar. Pero eso cambio seis meses después.

—Mi nombre es Luser, por favor déjame unirme a la lucha en contra del ejército del Rey Demonio.

Para enfrentarnos al Rey Demonio la ayuda de todos los humanos era una necesidad, y entre toda ese gente se encontraba Luser, el instructor de magia.

—Tengo una hermanita y deseo crear un mundo donde la esperanza exista para ella.

Luser me dijo que lucharía con el objetivo de proteger a la persona más importante para él.

Siendo yo de otro mundo no tenía a nadie para proteger. Sin embargo, el oír decir a Luser que lucharía por proteger a su hermana con tanto fervor me pareció algo asombroso.

—No quiero ver a nadie más de mi raza ser lastimado, ese es el motivo por el cual luchare a tu lado Amatsu —esto lo decía Dionis, un joven de Onizuko, un sub humano.

Como los Onizuko eran siempre neutrales, eran aborrecidos por igual por las fuerzas humanas y las del Rey Demonio.

—Esto es por lo que debo liderar a mi tribu los Onizuko. Haré lo que sea para protegerlos —Agregó Dionis.

El sentido de la responsabilidad por proteger a su tribu, una voluntad inquebrantable para cumplir su misión, era algo que Dionis tenía y de lo que yo carecía pues simplemente me dejaba llevar.

Pero mientras luché con ellos a mi lado, me di cuenta que poco a poco algo me estaba cambiando.

Entonces. La mujer que me protegió del ataque de los radicales apareció. Ese encuentro con Lucifina me cambio totalmente.

—Mi aldea se vio envuelta en una batalla entre los humanos y el ejército demoniaco. Mis padres… ellos… Humanos, demonios, sub humanos, vi mucha gente lastimada por los estragos de la guerra. Por eso quiero crear un mundo sin guerra, donde cada raza pueda coexistir. —Lucifina me habló de su sueño—. Si estoy contigo creo que todo eso se hará posible.

Hubo muchas veces en las cuales fui salvado por Lucifina. Cuando estuve a punto de rendirme Lucifina me dio fuerzas diciéndome cosas como: “Eres una persona fuerte, y estoy segura de que podrás regresar a tu mundo”. Nunca me queje en las batallas difíciles porque su figura gentil siempre apoyando a sus compañeros me fue cautivando poco a poco.

Al principio cuando decidí pelear, solo pensaba en retornar a mi mundo. Pero mientras mi odisea continuaba mis sentimientos fueron cambiando. 

Al ver a tantas personas heridas por la guerra, al ver sub humanos perder a sus seres queridos, y al ver Mazoku (Raza demonio) lamentándose por sus amigos perdidos, realmente pude ver la magnitud de las consecuencias que causaba este conflicto.

Fue entonces cuando pensé que quería ver al mundo sin guerras como me lo había contado Lucifina. 

Sin embargo, incluso con el poder de un Héroe no fue un camino fácil. Hubo muchos momentos en los cuales casi encontré la muerte y perdí la confianza en mí mismo. Pero gracias a mis tres compañeros pude seguir luchando.

Recibiendo la ayuda del Reino y de otros países luchamos contra el Ejercito del Rey Demonio, la guerra finalmente empezaba a inclinarse a nuestro favor. Al final de la misma, nuestros lazos se hicieron mucho más fuertes. Solo quedaba una batalla más, contra el rey Demonio mismo, la raíz de todos los males.

O eso pensé.

Hasta el día que la batalla final se llevó a cabo.


Tres años pasaron desde que fui invocado. Todas las mazmorras con los cuatro Devas del Rey que el ejército Demoniaco dejó en cada país fueron derrotados, el único que quedaba era el mismo Rey Demonio.

Recibiendo todo el apoyo posible, mi grupo avanzó hacia el Castillo del Rey Demonio. Yo ya había enfrentado al Rey Demonio anteriormente y le había debilitado en ese entonces.

La estrategia estaba planificada de modo que Lucifina y yo nos enfrentáramos al Rey Demonio como la vanguardia, mientras Dionis nos asistía como soporte y Luser acumulaba magia para atacar usando su poder maximizado. Yo iba a utilizar todo lo que había aprendido hasta ahora para hacer que la estrategia funcionase.

Mientras sorteábamos las trampas y eliminábamos los Mazoku restantes proseguíamos nuestro camino hacia el castillo del Rey Demonio.

El ejército aliado que nos seguía se rezagó incapaz de avanzar. Solo el poder de un grupo como el nuestro estaba predestinado a derrotar al Rey Demonio.

Entonces, reservando la magia de Luser, fuimos capaces de llegar a la sala más profunda donde se encontraba nuestro adversario.

—De aquí en adelante no permitiré que avancen más —se oyó una voz desconocida.

Quién bloqueaba nuestro camino era un solo Mazoku. Una joven que flotaba con ojos dorados y un largo cabello del color de la plata, el cual ondulaba hipnóticamente. Tenía un cuerpo pequeño pero la cantidad de poder mágico que manaba del mismo era poco común.

No recordaba haber sentido tal cantidad de poder en mis batallas anteriores.

Entonces la joven nos mencionó su nombre:

—Elfisuzaku Giraldo.

—Amatsu… —le respondí.

Solo intercambiamos esas palabras. Entonces la batalla comenzó.

La joven era realmente fuerte. Incluso nosotros, que derrotamos los cuatro Devas del Rey demonio llegamos al límite contra ella.

Cada vez que usábamos magia una pared estallaba o el piso se rompía. Lucifina luchaba a la vanguardia usando su espada mientras Dionis asistían desde la retaguardia.

Al final de esta feroz batalla a muerte, la joven fue subyugada cayendo de rodillas.

—He sido derrotada… —exclamó agotada, arrojando su espada mientras su cuerpo entero se desangraba.

Tenía que aniquilar esta joven si quería poner fin a la guerra. Levante mi espada mientras la encaraba y cuando iba a descargarla la escuché murmurar:

—¿Me pregunto qué paso?... yo solo quería acabar con esta guerra…

Sus palabras no iban dirigidas a nadie en particular. Eran para ridiculizarse así misma.

El ímpetu con el que levante mi espada se debilito cuando le escuche decir esas palabras: “Yo solo quería acabar con esta guerra”

—Tú… —susurré. 

La joven con la cual cruce mi espada varias veces durante esta batalla no era un demonio que disfrutaba matando humanos. ¿En verdad era necesaria su aniquilación solo por el hecho de ser una Mazoku? Esa duda rondaba en mi cabeza mientras detenía mi espada por completo.

—¡Mátala Amatsu ¡—me urgían mis compañeros—.! Hazlo rápido! —insistían.

Mientras seguía oyendo las voces de mis compañeros detrás mío, entre el dilema de matarla o no, decidí soltar mi espada.

—¡huh!

Wossh. Una sensación fría y afilada cruzo a través de mi brazo derecho acompañada de un sonido seco. Después de escuchar ese sonido escuche como algo resonó contra el suelo. Al momento me di cuenta que era mi propio brazo al que estaba mirando.

—Esto… ¿esto es una broma? —susurré.

Fue un hechizo mágico lanzado desde atrás el que cercenó mi brazo.

Sangre fresca salió a borbotones del lugar donde mi brazo había sido arrancado. El ataque que recibí se sintió tan caliente como el hierro fundido. 

La joven frente a mí se quedó impávida de la sorpresa.

—Gees, francamente me tienes asqueado con tu sobre optimismo.

La persona que utilizó la magia para despojarme de mi brazo no fue otro más que mi compañero de aventuras, Luser.

El mago capaz de usar diferentes tipos de magia. El mago que siempre me apoyó en este viaje desde el principio. Mi confiable compañero que se levantó en armas para proteger el reino.

—Bueno gracias a eso pude cortarte el brazo ¿no? —se vanaglorió Luser.

Mi brazo derecho en el que residía mi poder como Héroe yacía inerte, con solo la sensación de pérdida de sangre brotando del mismo.

Al mismo tiempo mi cuerpo perdía fuerza mientras caía de rodillas impotente.

—¿Por qué? —le pregunté estupefacto.

—¿Todavía no lo has entendido? Tu papel en esto ha llegado a su final. Oh querido Héroe-sama, incluso yo usando tu brazo con poderes puedo despachar al Rey Demonio —dijo Luser con lentitud.

—Que estás diciendo…

Extendí mi brazo sano con el objetivo de alcanzar mi otro brazo para reenganchármelo con magia de sanación pero entonces otro hechizo me dio directamente en el pecho.

—Guuuhh —me atraganté con algo que parecía vómito, pero entonces un líquido rojo empezó a escapar por mi boca.

Entonces el olor a sangre y hierro que exudaba de mi empezó a esparcirse por toda la habitación.

—Hey Amatsu, ¿sin resentimientos ok? —dijo Dionis después de atacarme.

A pesar de ser una persona de otra raza aparte de los humanos, quien se enfrentó valientemente a la tiranía del Rey Demonio y era un compañero confiable en el uso de las espadas y la magia. ¿Porque también decidió atacarme? ¿Acaso les lavaron el cerebro los Mazoku? No podía entender la situación.

—Luser. Tal parece que Amatsu no termina de entender la situación —dijo Dionis.

No pude evitar caer de nuevo en la estupefacción al oír el tono de burla de Dionis, incluso con mis heridas no salía de mi asombro. 

—Que fastidio, como cortesía de un compañero a otro te lo voy a decir… El Héroe Amatsu fue asesinado en la batalla contra el Rey Demonio, los tres compañeros restantes derrotaron al Rey Demonio y lamentaron su perdida después de haber regresado consagrados como héroes triunfantes a su país. Bonito escenario ¿verdad?

Mientras Luser explicaba sus planes pude notar una fea expresión en su rostro que nunca le había visto antes.

—Así es, como La reina Demonio está debilitada tu rol termina aquí —agregó Dionis.

Al parecer en el momento en el que fui invocado un enorme poder se concentró en mi brazo derecho. Un poder que solo podía ser usado por la existencia conocida como el Héroe. 

—Incluso sin el poder del Héroe, el Rey Demonio será aniquilado después que transfiera el poder mágico de tu brazo derecho a Luser. Tu papel en esta obra acaba aquí. ¿Lo entiendes ahora? —exclamó Dionis.

Los compañeros con los que pase los últimos tres años de mi vida viajando juntos me iban a matar aquí, riéndose divertidos.

—Por qué es… —intenté decir algo más. Pero mi cuerpo se desplomo al suelo. Solo alcancé a divisar las figuras de Luser y Dionis sonriéndome. 

—No te preocupes Amatsu, llevaremos a cabo tu deseo y aniquilaremos a la Reina Demonio por ti —escuché decir a Luser.

—Lucifina… —Suspiré con fuerza ignorando las palabras de Luser.

La primera mujer que fue amable conmigo en este mundo. Quise creer que Lucifina seguía siendo alguien en quien podía confiar.

—Amatsu-san —dijo Lucifina mostrándome su sonrisa gentil—. Déjanoslo a nosotros. Tu rol se ha terminado.

Pero aquellos ojos parecían despojados de toda emoción. Como queriendo decir: “No quiero mirar a Iori”.

—Por favor espera… —le rogué—. ¿Qué es esto? Habíamos hecho una promesa ¿verdad? Después de acabar con esta guerra íbamos a crear un mundo sin más conflictos.

—Fufufu…

Fue algo que no pude soportar. Ver a Lucifina reír a carcajadas. 

Así como así, frio con mi trauma, me pregunté: ¿Esa era la Lucifina que realmente conocí?

—¿Un mundo sin guerra eh? ¿Realmente pensaste que era en serio? Tú que venias de otro mundo a salvar a este, ¿no te parece que eres demasiado absurdo?

—¿Qué? 

—¡KUHAHA! Fue una obra maestra Amatsu. Fuiste el único que peleó con ese objetivo. ¡Solo tú! —exclamó Lucifina.

Mis compañeros me sonreían. ¿Esto era real? Incluso si quisiera creer que era un sueño el dolor en mi cuerpo me forzaba a aceptar la realidad.

—Ya recibí el poder mágico necesario—intervino Luser—, Lucifina encárgate del resto.

—Hasta nunca Amatsu. Descansa en paz eternamente entre tus sueños todo lo quieras —agregó finalmente Lucifina.

A la orden de Luser, Lucifina levantó su propia espada cargada de poder mágico y la dirigió contra mí. Aun si pudiese moverme mis pies ya no respondían, y mi corazón ya estaba roto.

—Adiós Héroe Amatsu —se despidió Lucifina.

Fue golpeado con una fuerza mágica tremenda que me envió contra la pared y me arrojo fuera del castillo del Rey Demonio. 

Ya no sentí más dolor.

Ahora, solo palabras traicioneras flotaban a mí alrededor.

¿No significó nada el tiempo que pasamos juntos?

Las miradas que esas personas me mostraron mientras se reían de mí se grabaron en mi mente.

—Maldición…

¿Fue un error el pensar que podía acabar con la guerra?

Me pregunto que pudo haber salido mal.

Ya no entiendo nada más.

La desilusión y el odio que siento por mis compañeros.

¡GUSHAR! Escuché un sonido de algo siendo destruido. Entonces mi conciencia se oscureció.

Esta fue la historia de lo que ocurrió durante mi primera invocación. Fui traicionado por mis amigos. Fui ridiculizado y al final asesinado como Héroe.


El sonido de unos pasos resuena. Abro mis ojos y noto que es el caballero que fue a dar su reporte al Rey. El número de personas ahora es de cinco.

—Has sido convocado por su Majestad el Rey —me dice el Caballero.

Mientras los otros cuatro Caballeros vigilan la puerta uno que cargaba un montón de llaves abre mi celda.

Con eso, he sido liberado. Sin ninguna restricción impuesta en mi podría escapar fácilmente, pero no lo haré. Antes de obrar de esa forma hay ciertas cosas que aun no entiendo.

Cosas como la perdida de mis poderes mágicos y el brazo que debería haber perdido. Examinemos las cosas con calma antes de actuar. No hay prisa.

Solo necesito mostrarme dócil, porque no faltaran oportunidades.

—He venido a por ti Luser.

Mientras reprimo una sonrisa salgo de la prisión.

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